Con dolor, despidieron al primer sacerdote diocesano indígena

Trinidad/Ignacio Jare Ichu.- “Maximiliano Noe Valverde, un indígena de fe, de esperanza y de seguridad en un Dios de la vida, un religioso que en su trabajo pastoral no perdió su sencillez, simplicidad y amor por su prójimo. El religioso falleció este 10 de enero a la edad de 59 años aquejado por la diabetes y otras complicaciones que deterioraron su salud.

“Quiero agradecer al Señor por la vida del padre Maximiliano, también a su familia por la orientación vocacional que él tuvo en su vida, la de dedicarse al Señor, a la comunidad de la parroquia La Resurrección. Jesucristo dice: el que cree en mí, no morirá para siempre, un Dios que nos enseñó a servir a los demás”, expresó el sacerdote Miguel Gómez, en el velorio de cuerpo presente.

Prosiguió diciendo, que fue el Señor que le llamó a la vida vocacional y ahora le tocó llamarlo a su presencia en el cielo, su vida como pastor será un semillero de vocaciones, dado que hasta hoy la iglesia ha perdido a dos sacerdotes diocesanos, el padre Tory y el padre Maximiliano.

Está convencido que estos grandes hombres llamados por Dios, se constituirán en el nexo para que Dios toque los corazones y la vida de los jóvenes y opten por servir al Señor a través de la vida sacerdotal.

Aurelio Pesoa, obispo del Beni, expresó que el padre Maximiliano fue significativo para el Vicariato del Beni, al ser considerado como el primer sacerdote indígena, fue párroco por muchos años de la iglesia La Resurrección y tras esa vida simple y sencilla como él quiso que fuera, deja una huella profunda en los corazones de quienes lo conocieron.

“Él tiene su aporte en el crecimiento espiritual de la gente, una cualidad que es digna de rescatar, pues al final es Dios el que juzga nuestros actos. Lo conocí de seminarista y fui testigo cuando se ordenó, su aporte fue significativo para la iglesia”, comentó.

“Yo conocí al padre Maximiliano Noe en la parroquia de Fátima, formamos parte del grupo juvenil en el año 1985 y vi cómo nació su inquietud por la vida religiosa, recuerdo que el único requisito era ser bachiller, con mucha ilusión esperamos concluir los estudios y ambos optamos por la vocación religiosa”.

Refirió que ingresaron al seminario primero en Sucre, luego en Cochabamba, ahora queda en el recuerdo de lo más bonito de la vida, la entrega, el entusiasmo, todo lo que una persona en vida puede realizar.

Cuenta, además, que acompañó al padre Maximiliano a muchos viajes en especial por comunidades del TIPNIS: Buen Pastor, Santísima Trinidad, El Carmen del Ichos y otras donde se anunciaba el evangelio y las buenas noticias a las familias de esos lugares, irradiando de esta manera el espíritu misionero.

Comenta que el padre Maximiliano hablaba de manera fluida el idioma Mojeño Trinitario, lo que representaba algo esencial porque las familias se identificaban él, por el solo hecho de comunicarse a través de la lengua madre, reflejaba una confianza y afecto mutuo.

El primer sacerdote indígena, nació en la comunidad Fortuna en la ribera del río Mamoré un 18 de agosto de 1962, sus padres Pablo Noe Tamo y Pura Valverde Ichu, se constituyeron en el apoyo fundamental para que fortalezca su vocación de servir a Dios.

Entre 1990 al año 2000, el Señor bendice al Vicariato del Beni con 9 ordenaciones diaconales y 7 ordenaciones sacerdotales, entre ellos Maximiliano Noe Valverde, el 4 de junio de 1995, convirtiéndose en el primer sacerdote diocesano indígena del Beni.

Al transcurrir los años fue nombrado párroco y responsable de la parroquia La Resurrección por el obispo Julio María Elías, misión que asumió hasta los últimos días pese a permanentes decaídas por la diabetes.

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