Una visión de país, el Memorándum de 1904

Por: Alcides Parejas

Veintitrés años más tarde del Manifiesto de 1868 en el que los cruceños protestamos por la firma de un tratado con Brasil por el que perdíamos un extenso territorio “dejándonos sin puertos propios y sujetando del todo nuestro comercio y nuestra frontera a discreción del poderoso Imperio”, el centralismo seguía haciendo oídos sordos a los reclamos que llegaban desde la llanura, que quería seguir viviendo en libertad, pero participando en la construcción de su futuro

En 1903 un grupo de intelectuales cruceños fundó la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos que va a catalizar nuestros reclamos y elaboró uno de los documentos más luminosos que se han escrito en Bolivia. Se trata del planteamiento de una visión de país hecha desde la llanura. Este documento, que se conoce con el nombre de Memorándum de 1904, fue dado a conocer en septiembre y fue redactado por Plácido Molina Mostajo, Ángel Sandoval Peña y José Benjamín Burela. Es la primera vez, en la historia de Bolivia, que se hace tal planteamiento, pero se lo ha ignorado y despreciado sistemáticamente, o lo que, tal vez es peor, se lo cita sin haberlo leído.

Veamos algunos de los puntos más importantes de este documento:

• En la parte de consideraciones generales el documento establece la urgente necesidad de plantearse una visión de país diferente a la que ha imperado hasta el momento.

• Abunda sobre la vocación Atlántica que debería tener el país. Los autores de este texto arremeten contra los políticos de turno. “Todo lo que llevamos expuesto, lo deben saber muy bien y comprenderlo mejor que nosotros, los estadistas del interior que dirigen los destinos de Bolivia. En discursos y escritos hacen las más bellas apologías de la grandeza que le espera a Bolivia por el Oriente. Pero por desgracia no pasan de palabras y frases deslumbrantes; y nosotros los orientales no comprendemos tamaña aberración: por qué no se lleva a la práctica lo que se piensa, se habla y se escribe; por qué tanta pequeñez de miras”.

• Con el objeto de respaldar el pedido de un ferrocarril, el documento hace una relación detallada de la ventajas económicas que esto reportaría a la economía nacional: “Unir al Oriente con el Occidente –dice el documento–, salir al Atlántico para contrarrestar la influencia del Pacífico, hoy en manos de Chile”.

• Plantea lo que considera que son las causas de la crisis del mercado interno. “La ruina de la industria y economía de Santa Cruz –dice– comenzó con la llegada de la primera locomotora a Oruro… Los gobiernos, por medio de inconsultos pactos internacionales, han concedido privilegios y franquicias tales, que han expatriado de las plazas del interior a los artículos nacionales cruceños… Los intereses del Oriente y el Noreste de Bolivia no están en pugna con los del Occidente, por el contrario, son armónicos y solidarios. Los pueblos del interior son los mercados obligatorios y naturales del Oriente”.

• Se hace un interesante recuento de lo que los redactores denominan “ventajas económicas”.

• Termina el documento diciendo: “No pedimos a nuestros compatriotas que nos traigan el progreso, como ha dicho un escritor sin sentido común… Pedimos ferrocarril porque tenemos derecho a pedirlo, no para beneficio del Oriente, sino para el bienestar de toda la República; porque nuestra conciencia y buena fe nos obliga a demostrar la verdad, descorriendo el velo provincialista que cubre los ojos de nuestros compatriotas de Occidente”.

Los redactores de este documento emblemático plantearon de manera luminosa la incorporación de Santa Cruz a la vida nacional, por lo que se exige -“no es una dádiva”, se dice explícitamente- un ferrocarril. Las reacciones no se dejaron esperar y para muestra solo dos ejemplos. 

En una entrevista hecha por Brocha Gorda (fuera de toda sospecha de parcializarse con los cruceños) al ministro Andrés S. Muñoz en relación a la solicitud cruceña de construir un ferrocarril con los dos millones de libras que debía dar Brasil como compensación por el Acre, respondió: “A los del interior de la República no les interesa el ferrocarril del Oriente, porque Santa Cruz sería un Panamá para Bolivia, una vez que tuvieran ferrocarril los cruceños se independizarían”. 

Y la segunda: en un artículo que se publicó en El Comercio de Bolivia Luis Salinas Vega, entre otras lindezas, dice: “Bolivia se siente orgullosa de tener dentro de sus fronteras las bellas, espléndidas y ubérrimas regiones de Santa Cruz y el Beni, pero querer un ferrocarril nacional que trabaje partiendo de Santa Cruz o el Beni es simplemente un absurdo”.

Este fue el inicio de un largo y doloroso proceso por el que Santa Cruz se empeña en ser Bolivia, a pesar de las continuas negativas y golpes bajos. A partir de ese momento empezaron “los de siempre” a decir que se trataba de una propuesta “desintegradora”, “separatista”, “elitista” (hecha por gamonales) y un largo etcétera.

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