Enseñanza virtual, recursos tecnológicos resultados esperados

Por: M.Sc. René Monje Morant (*)

La irrupción de la COVID-19 nos hizo apurar el paso en el área académica, nos obligó a adecuar los procesos de enseñanza-aprendizaje, y de clases predominantemente presenciales nos trasladamos a la virtualidad; también nos motivó para seguir aportando de manera cualitativa sobre nuevos enfoques de modelos académicos, y nos dio la oportunidad de capacitarnos para enfrentar esta nueva forma de acceso a la formación profesional.

Los mecanismos, acciones y respuestas ante esta crisis fueron afrontados y definidos en el marco de las posibilidades e iniciativas de cada actor involucrado. En el caso de la educación superior, algunas universidades, como Univalle, se dieron soluciones rápidas y oportunas que permitieron dar continuidad a las actividades académicas. Con una visión temprana, previendo la importancia de la virtualidad en el entorno educativo, Univalle encaró con celeridad un proceso de adaptación serio y responsable, puso al servicio una plataforma educativa moderna y ágil para el propósito, valorada como un caso de éxito por Microsoft.

Sin embargo, este esfuerzo y responsabilidad institucional de réplica concreta para con los jóvenes estudiantes, se ha visto disminuido o coartado (si cabe el término) por limitaciones ajenas a este noble propósito, pues el cambio de modalidad puso en evidencia una serie de falencias y debilidades atribuibles que lamentablemente no fueron previstas por los gobernantes que a su turno manejaron el destino del país.

Actualmente, el deficiente servicio de Internet, la pésima conectividad y elevado costo del servicio para los estudiantes y sus familias, además de erráticas disposiciones gubernamentales y tropiezos para salvar la coyuntura, agravan la situación, y lo que se constituyó en su momento un problema estructural en la educación, continúa siéndolo. 

Asimismo, y como un factor exógeno y problema identificado en la relación académica virtual, está el inapropiado equipo tecnológico al que los usuarios tienen acceso. Finalmente, también inciden los inadecuados espacios físicos para la interacción académica. Esta sumatoria de aspectos negativos dificultan el proceso de enseñanza-aprendizaje online, mismos que derivarán a mediano plazo en la deserción temprana del estudiante; y a su vez agravando los altos índices de deserción que evidencian nuestra situación.

Esta realidad debe ser analizada y debidamente atendida por los gobernantes, máxime si pretendemos contar con un capital humano cualificado y adecuadamente preparado para afrontar los retos y desafíos que requiere el país y garantizar el tan ansiado desarrollo socioeconómico. Para ello, es menester delinear políticas coherentes que eviten el rezago, tanto en la educación escolar como en la universitaria y, finalmente, den certidumbre a la población estudiantil.

En un contexto general, la pandemia nos impide una interrelación e interacción personal; pero observada desde otro ángulo, la tecnología nos ha conectado al mundo, esta oportunidad no debe ser soslayada por nadie, el constante flujo de información en línea plantea desafíos personales en valores, actitud, sensatez; y nos obliga a docentes y estudiantes a un mayor análisis reflexivo, mayor discernimiento crítico y el desarrollo de una inteligencia emocional sólida.

Las competencias digitales deben tener como fin la democratización del conocimiento y posibilitar ciudadanos adecuadamente formados y bien informados; y paralelamente, debe promoverse un uso ético, juicioso y legal de la información. Es decir, que estos ciudadanos sean habitantes de la Era del Conocimiento.

En este punto debemos preguntarnos ¿Qué tipo sociedad queremos y debemos formar? Considero que la tecnología ha llegado para quedarse, en perspectiva, esta oportunidad de ampliar los conocimientos debe ser utilizada de la mejor manera, la formación híbrida (presencial y virtual) será una constante en los nuevos paradigmas educativos, y desde la educación formal se deben dar los pasos iniciales para cimentarla adecuadamente, pues solamente una estructura con bases sólidas la consolidará y la hará crecer en el tiempo.

El reto está planteado, las cartas están sobre la mesa, la dinámica con que cada institución asuma su responsabilidad garantizará a nuestros jóvenes insertarse en el mundo global. Por ello que en nuestra condición de educadores no podemos limitar esfuerzos, hay un compromiso que cumplir, nuestros jóvenes no pueden ni deben quedar rezagados ni marginados en la vorágine del crecimiento y adelanto tecnológico, así como de los modelos educativos emergentes.

La responsabilidad de los gobernantes nacionales, regionales y locales con respecto a la educación debe ser seria y atendida con alto sentido de responsabilidad, desde el nivel inicial hasta el último curso de secundaria, entendiéndola como un proceso sostenible pero dinámico, que garantice y asegure no solo la permanencia en aulas de cada estudiante hasta su egreso como bachiller, sino también, asegurar que  este proceso sea de calidad y les otorgue saberes y destrezas que tendrán que servirles para enfrentar sin inconvenientes la vida universitaria y, por consiguiente, la vida profesional.                                                                 

Solo una sociedad preparada, culta y formada tendrá oportunidad de crecer en todos sus niveles, necesitamos una reflexión profunda y encaminar las acciones en una sola vía, nuestro país es diverso y complejo en sus estructuras sociales, comprendámoslas entonces como una oportunidad y fortalezas que nos hagan vislumbrar el futuro con mayor esperanza certeza y optimismo.

(*) Arquitecto de Profesión Vicerrector UNIVALLE Sede académica- Trinidad

Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on twitter
Twitter
Share on print
Imprimir
Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on twitter
Twitter