• junio 5, 2020
  • Trinidad, Beni

El cristianismo en tiempos de pandemia

Por Darío Pavez.

Fui docente de la Universidad Técnica del Beni y recuerdo a Trinidad con el cariño como si hubiera nacido allí. Al jubilar de la Universidad me he dedicado a estudiar la Biblia. He llegado a la conclusión que la Iglesia Cristiana Primitiva inspirada por el Espíritu Santo a los Apóstoles (Jn. 14,16 y 14, 25-26 y 15, 26-27 y 16, 13 y 20, 21-22) es capaz de aliviar a la humanidad en muchos aspectos.

La Iglesia Cristiana de los Apóstoles fue de pequeñas comunidades, en que todos conocían los problemas individuales de cada uno; se repartían las utilidades de sus bienes, no había clases sociales, todos eran iguales. Conocí una comunidad ortodoxa rusa que durante la revolución marxista escaparon a China y de ahí a Brasil y Bolivia, ellos se dedican a la agricultura. También matrimonios jóvenes católicos en Francia aprovechando conventos abandonados vivieron en comunidad, mientras los padres iban a sus trabajos, los niños a sus colegios y en la tarde terminada la Cena un sacerdote consagraba como en Hch. 2,4.

En el mundo ha habido grandes epidemias, como lo fueron en los últimos siglos, la peste bubónica que mató a millones de personas en el mundo, la viruela, la pandemia de gripe de 1918, el cólera, entre otras.  Ahora nos encontramos con otra gran pandemia y que mientras no se encuentre la vacuna para el virus, traerá problemas sociales graves que los gobiernos no estarán en condiciones de sobrellevar por mucho tiempo, sin caer en una profunda crisis, habrá desempleo y hambre. Es el momento de olvidarnos de detalles que separan a las iglesias y demostrar que seguimos realmente a Jesús, demostrando que somos fieles a sus enseñanzas de amor entre los hermanos en lo económico y religioso. En lo económico, que los cristianos del barrio se conozcan y se ayuden en sus necesidades, pues habrá desocupación y hambre. En lo religioso, que no falte Jn. 6, 50-58, en la misa de los fieles en que un sacerdote y un pastor consagren, por radio o televisión, un trozo de pan y un poquito de vino que tengan los fieles en sus casas en ese momento. La distancia no es un problema para Jesús.

Llevar al Señor a nuestra alma nos libra de la tentación y asegura nuestra salvación. Sant. 5,16, nos da una forma del perdón de los pecados. En caso de muerte decía un Jesuita: “Perdóname y sálvame Dios”.

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