Vacuna

La muerte de una persona por cáncer el lenta y dolorosa. Sufre el paciente y sufre la familia. Son meses de agonía e impotencia, en los que se consumen energías y recursos económicos. Los familiares sólo pueden ver cómo la vida del paciente se apaga, y tratar de suministrarle los medicamentos que puedan aliviar en algo su dolor. 

Hasta hace poco, vivíamos con el Jesús en la boca, esperando el día en que la vacuna contra el coronavirus llegue pronto y podamos evitar más sufrimiento a las familias de nuestra comunidad. Hoy que los casos han disminuido tenemos la oportunidad de atender las otras enfermedades que pueden afectar a un ser querido, en todo caso a las mujeres de nuestro entorno. Un tipo de cáncer muy común es el cáncer cervicouterino, que cobra cientos de vida en el país cada año. 

Personal de salud viene desarrollando una campaña de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), a niñas de entre 10 y 15 años de edad. Este programa de vacunación se cumplía, años atrás, en las unidades educativas, pero como este año la asistencia escolar fue suspendida por la COVID-19, la campaña no ha tenido el porcentaje de inmunización que los responsables hubiesen querido.  Según el Programa Ampliado de Vacunación, la cobertura alcanzó al 39 por ciento, y aunque se espera que lleguen los datos de las provincias, es posible que no se logre alcanzar el cien por ciento. Es por eso, que es responsabilidad de los padres de familia que tengan alguna hija en ese rango de edad llevarla al centro de salud más cercano para solicitar que se le aplique la inyección que puede salvarle la vida cuando alcance la edad fértil.

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