• julio 5, 2020
  • Trinidad, Beni

La hidroxicloroquina se convirtió en la grieta mundial del COVID-19

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Si hay un medicamento ponderado y a la vez cuestionado en medio de la pandemia por la aparición del virus SARS-CoV-2 que origina la enfermedad COVID-19, es la hidroxicloroquina, derivada de la cloroquina, una droga contra el paludismo que generó una grieta en la comunidad científica mundial.

Redacción Central (Infobae.com).- En el principio de la explosión de casos en Europa por el nuevo coronavirus que causó estragos principalmente en Italia, España, Reino Unido y Francia, hubo una voz que se alzó como una esperanza certera para derrotar los efectos del virus en pacientes graves: el virólogo Didier Raoult, director del Instituto Mediterráneo de Infección en el Hospital Universitario (IHU) de Marsella, que anunció en marzo en un video el “final de partida” contra el virus: la cloroquina, dijo, una medicación utilizada contra la malaria, había eliminado los síntomas del 75% de los 24 pacientes en los que él la probó.

Aunque el Alto Consejo de Salud Pública de Francia y el primer ministro francés, Édouard Philippe, anunciaron que la recomendación se basa en la prudencia, dada la falta de estudios sobre la eficacia y la seguridad del fármaco para combatir este nuevo coronavirus, el país galo comenzó a realizar ensayos clínicos con esta droga e invitaron a los hospitales a “incluir la mayor cantidad posible de enfermos” en ellos.

Su trabajo logró que la cloroquina se sumara como tercera terapia en un amplio estudio europeo coordinado por Francia, llamado Discovery, que espera analizar a unos 3200 pacientes en París, Lyon, Nantes y Lille. En algunos enfermos se probará una droga contra el VIH y en otros un antiviral contra el virus del ébola. “El tratamiento es eficaz, yo encuentro inmoral no administrarlo. Es así de simple”, expresó el científico francés.

Mientras Raoult ganaba fama mundial, como posible salvador de las vidas que pendían de un hilo a causa del COVID-19, una serie de artículos científicos comenzaron a echar por tierra los “beneficios” de la hidroxicloroquina.

Buscando el consenso de sus pares, Raoult encontró en un personaje fuera del ámbito científico, el mayor apoyo para la utilización de la droga: el presidente estadounidense Donald Trump, que comenzó a elogiar los efectos de la hidroxicloroquina al punto tal que comenzó a tomarla en forma preventiva, sin padecer la enfermedad por el nuevo coronavirus.

Trump tomó durante dos semanas hidroxicloroquina con zinc y vitamina D, después de que dos miembros del personal de la Casa Blanca dieran positivo al COVID-19 en los exámenes, y el presidente no presentó efectos colaterales, de acuerdo con los resultados de su más reciente examen físico difundidos por su médico. Igualmente, las autoridades federales han advertido que no hay que usar la hidroxicloroquina salvo en hospitales y estudios formales debido al riesgo de los efectos colaterales, en especial arritmias.

Además de Trump, otro mandatario que recomendó el uso de esa droga fue el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. La Casa Blanca anunció que Estados Unidos envió a Brasil dos millones de dosis de hidroxicloroquina. “Los pueblos estadounidense y brasileño son solidarios en la lucha contra el coronavirus. Hoy, como prueba de esa solidaridad, anunciamos que el gobierno estadounidense envió dos millones de dosis de hidroxicloroquina al pueblo de Brasil”, dijo la presidencia estadounidense en un comunicado.

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