La final de la Copa Libertadores será brasileña: Santos-Boca Juniors (3-0)

Santos goleó de local este miércoles a Boca y lo dejó fuera en semifinales. Pituca (16′), Soteldo (48′) y Braga (50′) aportaron con sendas conquistas. Palmeiras y Santos jugarán la final el 30 de enero en el estadio Maracaná (16:00).

Redacción Central (EFE).- Santos goleó 3-0 a Boca Juniors este miércoles en Brasil y se clasificó a la final de la Copa Libertadores-2020, en la que se enfrentará al Palmeiras con la motivación de convertirse en el primer equipo brasileño en ganar cuatro títulos de la competición americana.

El Peixe que dirige Alexi Stival “Cuca” despachó con solvencia en el estadio Vila Belmiro al campeón argentino, tras el 0-0 en Buenos Aires, con anotaciones del volante Diego Pituca (16′), el mediocampista venezolano Yeferson Soteldo (48′) y del extremo Lucas Braga (50′).

“Ahora hay que celebrar y pensar en los días que faltan para la final, nos merecemos el premio de este miércoles”, dijo Soteldo.

El atacante Marinho, que hizo suya la banda derecha, los brasileños sometieron sin piedad a los xeneizes de Miguel Ángel Russo, que carecieron de alma y jugaron con diez hombres desde el minuto 56, cuando el colombiano Frank Fabra fue expulsado.

En la primera final brasileña de Libertadores desde 2006, cuando Internacional venció a Sao Paulo, Santos y Palmeiras lucharán por el título el 30 de enero en el mítico Maracaná, en Rio de Janeiro.

– Sangre, sudor, lágrimas –

De la cabeza de Lucas Veríssimo chorreaba sangre, de la de los jugadores de Boca apenas sudor. La imagen del defensor brasileño ensangrentado, tras un choque aéreo, retrató el partido en Santos. 

A lo largo de la Copa lo del Peixe no ha sido deslumbrar con fútbol estéticamente admirable. Lo suyo ha sido adaptarse a lo que el partido exige: si para ganar tiene que atacar, ataca; si tiene que contragolpear, contragolpea; si tiene que recular, recula.

Para el hueso duro de roer que es el equipo de Cuca era imperioso no encajar un gol, y por eso siempre buscó vulnerar el pórtico de Esteban Andrada. La presión alta, especialmente con un voluntarioso Marinho, fue la fórmula para desarmar a un Boca que pareció tener las piernas pesadas. 

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